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El comercio tradicional afronta la burbuja del alquiler

El comercio tradicional afronta la burbuja del alquiler
Actualidad

Natalia Pérez, dueña del restaurante La Manzana en Madrid abrirá mañana su local por última vez. Tras cuatro años de ilusión, «no entiende lo que ha pasado este último año», afirma. Los dos primeros, su negocio de hostelería parecía funcionar, el tercero empezó a flojear pero en septiembre la caída era en picado. «Pensábamos que era la cuesta del cole, los gastos de los niños…pero no, la gente empezó a dejar de venir y los que venían consumían menos».

Conocemos miles de casos como estos. El local que abre, no funciona, cierra y llega el siguiente. Pero en este caso, había algo más. En su mismo bloque residencial, hacía unos meses, una peluquería low cost también tuvo que cerrar por falta de clientela. Un restaurante de comida asiática y una zapatería con 30 años de actividad también sufrieron la misma situación que les llevó a clausurar sus negotcios.

Todos, en la calle de las Delicias se están viendo obligados a abandonar sus casas por el aumento de precio del alquiler al que se han visto sometido en los últimos años. Una elevación del 40% en solo tres años. No sólo Madrid está sufriendo esta subida, desde 2014 el metro cuadrado de vivienda en arrendamiento crece el 44,5% en Barcelona, el 43% en Madrid, el 48% en Valencia, el 56% en Palma y el 27% en Sevilla, según los datos de Idealista. Esto supone un drama para los inquilinos, ya que afrontan el alquiler con menos presupuesto y repercute en las compras y comercios que necesitan su consumo para vivir.

«Estoy convencida de que ha influido esa subida del alquiler, y la de la luz, y la de la gasolina…»,  «¡Ni los locales chinos aguantan aquí!» o «La situación aquí es insostenible desde hace dos años, se ven negocios abrir y cerrar y abrir… y se van a la mierda en meses», son varios de los comentarios que se pueden oír de los desesperados comerciantes de la zona.

La hostelería y los negocios poco especializados están sufriendo las consecuencias por encima de aquellos con clientes más dispersos y menos arraigados al barrio. Ese cliente que desayunaba cada mañana su café y pincho de tortilla, cuenta Nieves, ya no va porque los altos alquileres le han echado del barrio o no le alcanza da el presupuesto. «Su lugar lo ocupa un turista más low cost que prefiere comprar su desayuno en el minimarket y cocinárselo en el apartamento», afirma. «Aunque al final unos negocios nos alimentamos de otros», dice Carolina Ramos, de 36 años y dueña de la tienda y estudio musical Delia Records. «Si alguien entraba a tomar algo en el bar La Manzana, al salir se fijaba en nosotros; y al revés, el que venía directamente a nuestro local, luego cruzaba la acera y tomaba algo allí».

Según un estudio de Idealista, los locales son el producto inmobiliario más rentable para los inversores: les ofrece un 8,9% de retorno (seis décimas más que hace un año), un beneficio superior al que ofrecen las oficinas (8%), las viviendas (7,8%) y los garajes (5,6%). Otro incentivo para echar el comercio tradicional de los barrios, sobre todo después de que en 2015 la ley finiquitase los contratos de arrendamiento de locales con renta antigua, que obligó a muchos comercios a mudarse o pagar mucho más por quedarse en el mismo establecimiento.

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